Hace más de tres décadas, y paradójicamente un 8 de marzo, las profesoras de educación inicial María Eugenia Muñoz y su hermana María Agustina, junto a su madre María Cristina Sentell, iniciaron un anhelado proyecto personal: le dieron forma a los cimientos de la actual MACRIME, una empresa educativa con más de treinta años de trayectoria, que promueve el desarrollo de las infancias en un marco de respeto, afecto y acompañamiento pedagógico.
La fecha fundacional de la empresa coincide con la conmemoración del Día internacional de la Mujer, un dato no menor en estos tiempos. Es por eso que, a través del testimonio de María Eugenia, integrante del consejo directivo de FEMAPE, proponemos reflexionar sobre la lucha de las mujeres en general, y de las mujeres empresarias en particular, por una participación de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo personal.
Los inicios
“La idea de este proyecto propio surgió a partir de la formación que teníamos con mi hermana. Estimuladas y entusiasmadas por darle forma a este emprendimiento, con la ayuda de familiares, amigos y parejas abrimos nuestro primer jardín. Como la actividad se relaciona con la crianza y el cuidado de los hijos, roles asociados generalmente a la mujer, pudimos diseñarlo y ponerlo en marcha de manera orgánica, no fácil pero muy disfrutable”, rememora Eugenia sobre los primeros pasos.
A medida que el tiempo pasó, el emprendimiento creció y se transformó en una PyME. A través de distintas capacitaciones vinculadas al mundo corporativo buscaron nuevas oportunidades y la empresa se convirtió en proveedora del Estado.
“Así llegamos a FEMAPE, casi de casualidad. Un día mi madre hacía un trámite en el Registro de Proveedores del Estado y se encontró allí con Susana Ibáñez, la anterior gerente de FEMAPE que le explicó lo que hacían en la entidad. Nos asociamos inmediatamente y fue una de las mejores decisiones que tomamos porque la Federación nos ayudó a resolver cuestiones que no conocíamos y a mejorar nuestros procesos de gestión”, indica.

La actividad en FEMAPE y el futuro
La participación más activa de MACRIME en FEMAPE fue a partir de la invitación que el entonces presidente de FEMAPE le hizo a María Cristina Sentell, de ser parte del consejo directivo de la entidad y convertirse en una de las primeras mujeres empresarias en ese rol. “Desde entonces tratamos de sumar nuestro granito de arena, en un ámbito en el que siempre hubo mayoría de hombres; primero fue mi madre, luego mi hermana y ahora estoy yo”, señala María Eugenia.
Sobre su presencia y su aporte en el consejo directivo, sostiene: “Hay que destacar que FEMAPE busca, y siempre buscó, sumar la voz de las mujeres en la dirección de la entidad. Y en este proceso la unión entre mujeres y hombres es vital. Esa visión compartida nos debería permitir debatir, generar vínculos para superar los obstáculos que enfrentamos las mujeres”.
Acerca de cómo ve el futuro de las empresas y el rol de las mujeres que desempeñan en ellas, Muñoz afirma: “Como emprendedora y como directora de un espacio educativo para la primera infancia, mi deseo es que las próximas generaciones crezcan en una sociedad donde el liderazgo no esté determinado por el género, sino por la capacidad, la sensibilidad y el compromiso de cada persona. Que las niñas que hoy pasan por nuestras instituciones puedan imaginar todos los futuros posibles: científicas, artistas, docentes, empresarias, o lo que elijan ser. Y que cuando lleguen a ocupar lugares de decisión, ya no tengan que romper techos de cristal, porque esos techos simplemente habrán dejado de existir”.
Definiciones, percepción y realidad sobre el rol de la mujer
Luego de repasar los aspectos históricos, la charla con María Eugenia Muñoz giró en torno a su mirada acerca de distintos temas vinculados con el rol de la mujer en la sociedad, no solamente en las empresas.
Las que siguen son definiciones que dio acerca de: los obstáculos que enfrentan las mujeres de empresa, la importancia de las responsabilidades compartidas en la crianza y el entorno familiar, la exigente legitimación de saberes que impone ser mujer en un entorno masculino, la agenda de género en las políticas públicas y la educación como principal vehículo para construir igualdad.
“El camino emprendedor para las mujeres está atravesado por obstáculos que no siempre son explícitos. El acceso desigual a los recursos económicos y a las redes empresariales, espacios liderados históricamente por hombres, es uno de ellos. Muchas mujeres emprendemos con menor financiamiento e inclusive con menor respaldo institucional y eso dificulta la acción”.
“Además de dirigir una empresa -del tamaño que sea– las mujeres somos responsables de sostener el cuidado familiar, ya que culturalmente esa tarea recae en gran medida sobre la mujer. Creo que no debería ser así y se avanza en ese sentido. Hoy los más jóvenes tienden a la crianza y a llevar adelante el hogar con responsabilidades compartidas, algo que propone una igualdad más real”.
“A las mujeres se nos exige legitimar nuestro profesionalismo. Tenemos que dar cuenta de lo que sabemos, de lo que hacemos, hasta dónde podemos hacerlo. Tenemos que dar más pruebas que los hombres sobre nuestras competencias para acceder a cargos jerárquicos”.
“La agenda de género en las políticas públicas es necesaria. Una vez identificado el problema es importante que el Estado esté presente, aunque tal vez no sea suficiente. Creo que impulsar proyectos de capacitación para acompañar emprendimientos liderados por mujeres colabora para reducir la brecha existente y fortalecer su participación en la economía”.
“Estoy convencida de que la educación desde temprana edad es lo que genera cambios reales. La posibilidad de reflexionar y debatir acerca de lo que sucede en sus casas, con las mujeres de la familia que trabajan, va generando un cambio de visión desde los más pequeños, para que, finalmente, no exista desigualdad”.
